Por Roberto Maluenda-Gatica
En los últimos años, la psicoterapia por videoconferencia ha pasado de ser una alternativa a convertirse en una modalidad central de atención, especialmente en el trabajo con pacientes con trastornos mentales severos. Sin embargo, aún persisten preguntas clínicas relevantes: ¿cómo se construye la alianza terapéutica en entornos digitales? ¿y qué características del terapeuta influyen en este proceso?
Nuestro estudio, The Mentalisation Switch, abordó estas preguntas en el contexto de una intervención de Terapia Metacognitiva individualizada (MCT+) para personas con trastorno bipolar tipo I, realizada íntegramente por videoconferencia en un entorno clínico real en Chile. A través de un diseño longitudinal con medidas sesión a sesión, analizamos cómo evoluciona la alianza terapéutica y qué factores del terapeuta la modulan.
En este contexto, el uso del CORE-10 fue central para evaluar el malestar psicológico global de los pacientes tanto a lo largo del proceso terapéutico como en los resultados pre–post. Este instrumento, breve y sensible al cambio, permitió integrar la monitorización clínica en la práctica rutinaria, facilitando el seguimiento continuo del progreso del paciente. A nivel analítico, el CORE-10 cumplió una triple función: (1) como indicador de cambio sintomático global, (2) como medida sensible al proceso terapéutico en el tiempo, y (3) como base para estimar el Reliable Change Index (RCI), lo que permitió determinar si los cambios observados eran significativos a nivel individual, más allá del error de medida. Este último aspecto es especialmente relevante para la práctica clínica, ya que permite al terapeuta discriminar entre fluctuaciones esperables y mejorías confiables. En conjunto, nuestros resultados mostraron mejoras significativas en el malestar psicológico global, reforzando la utilidad del CORE-10 no solo como una herramienta de evaluación, sino como un instrumento clínico activo en la toma de decisiones terapéuticas.
Pero más allá de los resultados sintomáticos, uno de los hallazgos más relevantes fue el papel de la capacidad de mentalización del terapeuta, entendida como su habilidad para comprender los estados mentales propios y del paciente, en la construcción de la alianza terapéutica. Utilizando modelos jerárquicos longitudinales, observamos que esta capacidad no opera de forma lineal, sino como un proceso dinámico: distintos modos de mentalización, más automáticos o más reflexivos interactúan a lo largo del tiempo, influyendo especialmente en la dimensión vincular de la alianza (Bond).
Desde una perspectiva clínica, estos hallazgos tienen varias implicancias. Primero, refuerzan la idea de que la alianza terapéutica sigue siendo un factor central incluso en contextos digitales, y que puede desarrollarse de manera sólida cuando el terapeuta logra adaptarse de forma flexible a las necesidades del paciente. Segundo, sugieren que la formación clínica debería incluir no solo técnicas específicas, sino también el desarrollo de capacidades reflexivas del terapeuta. Finalmente, el uso sistemático de medidas como el CORE-10, permite integrar la evaluación de resultados en la práctica cotidiana, facilitando una aproximación más informada y ajustada al proceso terapéutico. En conjunto, este estudio apunta hacia una psicoterapia más personalizada y basada en procesos, donde la interacción entre terapeuta, paciente y tecnología se convierte en el núcleo del cambio clínico.
📄 Artículo de acceso libre disponible en:
Maluenda-Gatica, R., Araya, C. Morán-Kneer, J., Ríos, U., Moritz, S. and MacBeth, A (2026) The Mentalisation Switch: Therapist Reflective Capacity and Alliance Dynamics in Digital MCT+ for Bipolar Disorder—A Longitudinal Quantitative Case Series. Clinical Psychology & Psychotherapy, 33, 2: e70260. https://doi.org/10.1002/cpp.70260.
PhD in Clinical Psychology, University of Edinburgh; MSc in Psychiatric Research (IoPPN) Kings College London
